La Voz Albirroja

Profundizar lo nuestro

El Estudiantes de Zielinski llega muy golpeado a lo que viene. Debe centrarse en sus principales virtudes para callar a sus detractores y lograr el tan ansiado triunfo. La batalla entre Napoleón y Ricardo I está por llegar.

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Fuente: minutouno.com

Las críticas a Zielinski llegaron a su momento cúlmine. Estudiantes cayó al décimo puesto en la tabla de posiciones y al séptimo escalón en la anual (en donde se juega la clasificación a las copas). Entonces, cuando se empezaron a notar algunos resquemores ante la -hasta ahora- indiscutida figura del entrenador, Sebastián Verón subió una publicación a su Instagram personal respaldándolo.

Hay que decirlo, quizás la reacción del vicepresidente haya sido exagerada. No eran tantas, ni tan fuertes, las voces que repudiaban el proceso de Zielinski. También es verdad que quienes por una serie de malos resultados, quieran poner en duda al técnico más pedido por el público estudiantil en los últimos años, son tan solo unos exitistas. No hay argumento válido para pedir su cabeza hoy día. 

En esta línea, hay que marcar que lo cosechado en las últimas fechas por los dirigidos por el ruso ha sido magro. Hace seis partidos que Estudiantes no gana; empató cuatro y perdió dos. Para colmo, la seguridad defensiva quedó en el pasado; recibió 9 goles y mostró serios problemas a la hora del retroceso, los cierres y la marca en general. ¿La frutilla del postre? Se equivocan jugadores que antes no se equivocaban y se lesionan artífices claves del andamiaje general.

Asimismo, la mano del técnico no parece cambiar el rumbo y toma decisiones que desde fuera del día a día no se entienden. ¿Tan bien entrena Ayoví en la semana para tener tantas oportunidades a pesar de haber marcado un solo gol en toda su estadía en Estudiantes? ¿Tan verde está Zapiola que, a pesar de ser desequilibrante cada vez que entra, no suma más de 20 minutos por partido? Esos son los dos interrogantes que más resuenan en el hincha. También se escuchan fuertes críticas a Sanchez Miño.

A su vez, hay que marcar que, más allá del mal presente que se vive, Estudiantes viene de uno de los peores momentos futbolísticos en décadas. Quienes critican con mala intención, deberían hacer memoria y volver a sentir la falta de identidad pincha que tenían los equipos de Milito; el poco respeto por nuestra escuela. A los que ahora piden en bandeja la cabeza de Zielinski hay que recordarles la posición en la tabla de promedios que tenía Estudiantes a su llegada. 

En este sentido, hay quienes se olvidaron que con el técnico anterior Estudiantes perdió cinco partidos al hilo y estuvo ocho sin siquiera marcar un gol. La memoria selectiva no les deja ver que jugadores como Godoy, Apaolaza o Castro fueron resistidos por propios y ajenos y hoy en día son indiscutidos. 

Es por todo esto, que llegó el momento de profundizar. Así como cuando Güemes herido de bala rechazó la ayuda del invasor y murió en su tierra salteña, Zielinski deberá dirigir sus próximas batallas con el manto de la experiencia de haber llevado adelante campañas exitosas con sus soldados infernales. El general Ricardo I deberá reagrupar a sus hombres en esta verdadera guerra gaucha. La mística está con él. 

De esta forma, en lo que será la madre de las batallas, deberá enfrentarse a los temibles guerreros riverplatenses que vienen de arremeter todo lo que en su paso han encontrado. Son 8 al hilo las batallas que el general Napoleón ha dirigido triunfal. Su reciente triunfo ante los originarios de Córdoba encabezados por el Cacique Medina lo ha llevado al punto más alto de su exitosa campaña. Más adelante aún, espera al acecho el Comandante Pipo con sus ganas de tomarse a golpes de puño con quien sea y sus ordinarios y temerosos lobos de caza.

Los leones infernales del General Ricardo I, deberán dejar el alma en lo que queda de la temporada anual. El objetivo es lograr una campaña lo suficientemente valerosa como para llegar a disputar batallas en todo el continente sudamericano. Pelear hasta la muerte es la consigna, sin jamás bajar los brazos y dejándole bien claro al enemigo que se apersonará en UNO que los nuestros mueren. 

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