Ganar como sea

Balbo está en la cuerda floja. El hincha exige resultadismo explícito. Nadie puede olvidarse que este es el equipo del narigón.

Foto extraída de «El Editor Platense».

El Estudiantes de Abel Balbo no da pie con bola y a pesar de haber obtenido 4 de los últimos 6 puntos, las formas se ponen en debate. Es que el problema no es la sustancia que muestra el fútbol jugado por el pincha, sino que la crítica masiva es hacia la poca profundidad que tienen los planteos del novel DT.

La renuncia del ex jugador del seleccionado argentino no debería ser tema de debate, sin embargo en las redes sociales ya inició el velorio y en el seno de la comisión directiva ya hay altos popes buscando alternativas. Echar o aceptar una renuncia, en estas circunstancias, no es lo que acostumbran estos dirigentes. Pero ¿no es valor de un buen capitán de barco dar un golpe de timón en el momento indicado? Gustavo Matosas dirigió apenas 7 partidos antes de ser cesanteado por los directivos que hoy son parte de la conducción.

El presente pincharrata es penoso, apenas sumó 8 puntos sobre 18 y jamás dio una imagen acorde a lo que la historia demanda. En el último partido Sebastián Verón desde el túnel gritó: «basta de fulbito», y resumió en una frase lo que todo hincha sentía. Dejemos algo en claro: la responsabilidad no es exclusiva del cuerpo técnico, está compartida con los dirigentes y -en menor medida- con los jugadores.

En este sentido, hay que remarcar que el plantel que posee el ex técnico de Central Córdoba es riquísimo y que la obligación de hacerlo funcionar es pura y exclusivamente suya. Hay grandes cuadros que terminan dando pena por culpa del técnico. Alguna vez al «Tata» Martino se lo acusó de chocar la Ferrari o a Sampaoli de no saber manejar un vestuario.

El rol del entrenador es fundamental, si él no funciona, nada en sus dirigidos lo hará; esto último debería estar grabado a fuego en la puerta del Country Club. Porque para el hincha de Estudiantes el puesto de entrenador es todo. Hay algo que absolutamente nadie debe olvidar en este club y es que allá por la calle 464 del barrio de City Bell se encuentra la catedral de la táctica; el laboratorio de exportación más grande del fútbol argentino.

No está de más recordarlo, fue en ese sitio en donde Osvaldo Zubeldía inició la revolución del fútbol moderno. Fue en este cargo, que Carlos Salvador Bilardo inicio el proceso que llevaría a la Selección Argentina a conseguir su segunda copa Mundial. En las paredes de este reducto Diego Simeone inició la carrera que lo llevó a ser uno de los DTs más importantes en la actualidad europea. Y fue en este hermoso lugar en donde Alejandro Sabella edificó ese equipazo que puso de rodillas a- quizás- el mejor equipo de fútbol que la humanidad haya visto.

Abel Balbo no tiene la presión que podía tener en un ignoto club de Santiago del Estero. Ahora lleva puesto el buzo que todos los antes nombrados llevaron con orgullo. La gente no tiene ningún problema personal con el santafesino, parece un gran tipo y un hombre de fútbol. Nadie más que el hincha pincha quiere que este sea el proceso más exitoso posible. Pero la cosa no está encaminada.

Se equivoca quien crea que el simpatizante del león es terco y pretende un equipo que gane jugando mal. Desconoce la rica historia de esta institución quien ose explicarle a cualquiera de los 50 mil socios qué debe esperar de sus jugadores. El concepto es claro: más de la entrega de Carrillo frente a Sarmiento, más del orden táctico que tuvo el primer Estudiantes de Zielinski y menos palabras bonitas. La hora de los micrófonos se terminó para todos; cuerpo técnico y dirigentes. Ahora, solo queda ganar.

Vale la aclaración, ganar en Estudiantes es ganar como sea. El «como sea» no es un concepto vacío y tampoco una termeada de la tribuna. Significa usar cualquier táctica posible para obtener los tres puntos, si hay que poner tres número diez, se ponen. Si hay que jugar con seis defensores, se juega. En palabras de Bilardo: «si hay que chocar un tren, se choca». La gente no quiere ganar con desorden táctico; eso esta fuera del como sea.

Por su parte, los jugadores son los que dan la cara en el campo de juego y, salvo contadas excepciones, no están a la altura. Hasta ahora el balance de los referentes da negativo. Andújar recibió 10 tiros al arco y le anotaron 6 goles. José Sosa solo dio una imagen positiva contra un equipo del Federal A y parece, francamente, fuera de forma. Mauro Boselli y Pablo Piatti están inmersos en una situación que no los ayuda. Uno es el definidor de un equipo que apuesta a la segunda pelota y el otro es extremo de un técnico que no apunta a los desbordes.

Asimismo, Guido Carrillo siguió disputando un encuentro luego de perder tres piezas dentales, que corran riesgo otras tantas y que los huesos de la cara quedaran comprometidos demostrando una entrega total hacia la camiseta; de la cancha se sale muerto o no se sale. A su vez, Ascacibar demuestra un gran nivel, pero es victima del descontrol colectivo, muchas veces corre desconcertado.

Por otro lado, los jugadores que llevaron a Estudiantes a casi clasificar a semifinales de Libertadores brillan por su ausencia. Emanuel Mas está atravesando el peor momento desde su llegada al club, al igual que el Corcho Rodriguez y Zapiola que ya perdió su lugar. En esta línea, Leo Godoy sigue mejorando de su desgarro y Mancuso está cumpliendo por encima de las expectativas.

Por otro lado, los pocos puntos regulares están en la defensa, Zaid Romero, Guasone y hasta el mismo Lollo se suman a los ya nombrados laterales derechos. La incógnita está en Muñoz y su tan ansiado regreso. El pibe Nuñez perdió varios lugares en la consideración del técnico. Los dos jugadores que han demostrado un nivel más que aceptable fueron uno que casi se va libre y otro que fue la gran apuesta del mercado pasado. Hablo de Fernando Zuqui, el motor del equipo; cuando él anda bien se siente y cuando falla se extraña su buena forma y de Benjamín Rollheiser el único que se anima a jugar al fútbol.

Para ir finalizando, y si de juveniles hablamos, hay que decir que casi no han sumado minutos; Piñeiro y Palavecino dos de las más grandes apuestas que tiene el club hoy día, casi no han jugado. Orbe hizo banco gracias a las lesiones y hasta ahí llega la lista.

Párrafo aparte para Deian Verón, el único jugador del plantel que entrenó con Balbo durante casi un año. Es lógico, entonces, que sume minutos ya que conoce la idea del santafesino mejor que sus compañeros. La realidad que para solo haber disputado 3 partidos con la camiseta albirroja y 22 en toda su carrera como profesional (casi siempre entrando desde el banco) su nivel fue aceptable. Ojalá el joven no cargue la mochila que muchos hinchas pretenden colgarle. 

Así está Estudiantes, en un verdadero hervidero. Hasta aquí nos han traído las decisiones de dirigentes, jugadores y cuerpo técnico, es el tridente que debe dar la cara. Quizás el fusible más fácil de reemplazar sea el entrenador. Pero esto no debe ser todo. El tiempo de charlas se terminó, el hincha quiere realidades y si se las dan se embanderará en ellas; solo basta con mirar el apoyo que tuvo el Ruso Zielinski gracias a que sus equipos siempre salieron a «ganar como sea».

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