Así habló Zielinski

Estudiantes, lejos de los flashes mediáticos, logró volver a su identidad. Hoy vivimos un momento bisagra. El futuro es esperanzador y tiene acento ruso.

Ricardo Zielinski es mi pastor, nada me faltará.

Hay momentos en la vida que son bisagra. Escenas que quedan grabadas a fuego en nuestra memoria y no por haber sido importantes en sí mismas, sino porque fueron el principio de algo más grande. Puede ser esa noche en la que decidiste salir, a pesar de no tener ganas, y conociste a alguien que te embelesó. O quizás, ese libro que encontraste en alguna vieja biblioteca y te insertó para siempre en el mundo de la lectura. No tiene que ser algo grande, puede ser una película que te hizo conocer a tu actor favorito. Hay tantos momentos bisagra en la vida que a veces, uno ni siquiera puede recordarlos todos. Y en eso anda Estudiantes.

Vale la pena marcarlo, el ‘Pincha’ con su andar irregular fue buscando una identidad a lo largo del torneo. Y la encontró, con sus defectos y virtudes, hoy se sabe que busca ser el león. El conjunto dirigido por Zielinski es un equipo molesto. Ese adjetivo, lejos de los flashes del lirismo, enamora a la gente pincha. Es un mote que ha cargado la institución durante años, de la cual hace gala y de la cual se había alejado hace un tiempo. Es que con las sucesiones entre Bernardi, Benítez, Milito y Desábato, el club nunca logró identificar al hincha.

Hoy no es tiempo de balances. Eso quedará para los altos popes directivos y el cuerpo técnico en general. Esta noche no es noche de alegrías, Estudiantes fue eliminado de la Copa y dio la sensación de que se podría haber quedado con algo más. Pero tampoco es momento de estar tristes, ni enojados. La sensación que invade mi cuerpo y mi mente en este momento es la de ilusión. Porque a lo largo del torneo se vio una marcada mejoría con respecto a los últimos 4 años. Estudiantes, poco a poco, está volviendo a ser Estudiantes.

En esta línea, no está de más explicar que falta, claro que falta, para que se vuelva a ser lo que alguna vez se fue. No hablo de los títulos, que siempre serán bien recibidos, hablo de algo más fuerte aún; la identidad. No es la identidad como concepto vacío, como una búsqueda per se. Me refiero a la identidad con una definición más específica, casi filosófica o lógica o como dijo Parménides: »Aquello que es, es y lo que no es, no es”. Y Estudiantes jamás va a ser un equipo que juegue al fulbito sin arcos que enamora a los líricos. Estudiantes nunca puede ser un equipo verde y, menos que menos, un equipo sin alma que reniegue del juego directo. Todo lo que se vio desde la asunción de Bernardi hasta la fecha no era Estudiantes. Era otra cosa que iba en contra de su esencia.

Pero entonces, ¿qué es Estudiantes? Estudiantes es esto a lo que a punta Zielinski. Volver a las fuentes, barajar y dar de nuevo. Empezar a dejar lo individual de lado y centrarse en lo colectivo. Es que la figura de los partidos sea el equipo entero, que no haya puntos bajos. Es saber que si en determinado momento, hay que pisar la pelota, se pisa, pero que si hay que pegar, se pega. Estudiantes es bilardismo explícito. Es la escuela de Zubeldía, Bilardo y Sabella, la de Simeone también. Es la tierra en la que la única explicación es trabajar. Desde aquella mítica noche en Old Trafford, donde se selló un rasgo identitario eterno, hasta la vuelta en el Mineirao, pasando por el Estadio Azteca en el 86 e Italia en el 90. Las formas están claras; el pragmatismo como bandera y una definición filosófica: «Estudiantes es el hecho maldito del fútbol burgués».

Hoy quedamos afuera de una competencia y la felicidad no abunda entre nuestra gente. No es momento de abrazos, ni de besos, ni de risas. Es tiempo de reflexionar y de apuntar al futuro. En materia estrictamente futbolística, el pincha deberá buscar uno o dos goleadores que le den un salto de jerarquía a su plantel. Le urge retener a Lucas Rodríguez y traer un creador de juego. Todo esto se suma a la casi confirmada llegada de Matías Pellegrini y a la necesidad de reforzar los laterales, sobre todo el izquierdo. El dinero que ingrese por Darío Sarmiento y Nahuel Estévez deberá ser invertido en el plantel profesional. Con el estadio terminado y el club ordenado económicamente, ya no excusa que valga, hay que salir a buscar jerarquía.

Es por todo esto, que empecé hablando de bisagras. Con Zielinski llegó un aire de renovación. Atrás quedó la época de penurias económicas, viajes a Quilmes y estadios prestados. En el pasado podemos dejar las apuestas que llegaban para ser titulares. Será antiguo hablar de la posesión o de que el juego directo es bueno o malo. Hay discusiones que van perdiendo peso y desinflándose con el paso del tiempo. Ahora hay que subir la apuesta, encolumnarnos detrás de nuestro profeta Zielinski y armar un plantel que esté a la altura de este modo de ser que es Estudiantes de La Plata.


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